Es imposible separar el rock de las diferencias generacionales. Ya sea diálogo o conflicto, la música de rock siempre ha sido afin a ese tema, piénsese si no en "Mi Generación" de The Who.
A Complete Unknown por supuesto viene a cuento para hablar de generaciones. Como toda biopic el film tuvo un efecto "divulgador", sin embargo esta película de James Mangold convenció tanto a dylanómanos como a los escépticos a quienes su música les resultaba "ajena". Entusiasmó a los escépticos, pero también dejó algunas claves soplando en el viento para los iniciados.
A Complete Unknown me invitó a rebuscar en los recortes de los diarios porteños con las reseñas de los shows que el músico diera en Buenos Aires: la primera en 1991 (Obras Sanitarias), 2008 (Estadio Vélez Sarsfield), 2012 (Teatro Gran Rex). Las reseñas más antiguas, de La Nación, Clarín y Página 12 sirven para revalidar los recuerdos. El de 1991 en Obras fue uno de los primeros conciertos a los que asistí y fue sin dudas, la puerta de entrada al mundo Dylan. Como señalaban algunos autores de esas notas, al fin Dylan "daba la cara" o "la famosa voz nasal" se hacía oir en vivo, en cuerpo y alma por estas latitudes. Algunas remarcaban la anécdota de que Dylan pidió bajar de su combi en los Bosques de Palermo y recorrió a pie, solamente acompañado de un guardaespalda y un asistente la distancia hasta el estadio de Obras Sanitarias. El músico había sido hermético al extremo, sin embargo se las ingenió sin mucho esfuerzo para pasar casi inadvertido y llegar al concierto como cualquier hijo de vecino.
Por entonces, yo estaba promediando la secundaria y tenía, más o menos, la edad de mis hijos hoy. Había descubierto a Dylan gracias a alguna conversación familiar y gracias a la escucha de dos programas de radio, que ya por entonces, iniciándose la década de los '90 eran una especie de anomalía. Los escuchábamos tan religiosamente como podíamos con mis amigos, noche tras noche. Uno de ellos era "Gira mágica y misteriosa" y el otro "Historock". Ambos estaban conducidos por el especialista en rock Julio Guichet. Las emisiones iban por Radio Nacional AM y radio Municipal de Buenos Aires (FM). Cuando el acceso a la música era un bien escaso, mucho más para nosotros, por entonces adolescentes esos dos programas eran el equivalente a YouTube hoy. Con la gran diferencia que además había allí un conocimiento, una serie de discursos acerca del rock y su historia que acompañaban a la música. Algunos de los relatos, más o menos mistificados por el tiempo de lo ocurrido en el festival de Newport del '65 los escuché por primera vez en Historock
El concierto de Obras Sanitarias del '91, al que fuimos con un amigo, fue una forma de asomarse al mundo adulto, y una iniciación al mundo Dylan.
Como señalaron las reseñas de los diarios, el show era simple al detalle, perfecto, sin ninguno de los trucos del rock de estadios, sin la menor pizca de demagogia. Nada de "Hola Buenos Aires" pronunciado en un castellano enclenque. Directo al oído y al alma.
La generación de los entonces "mayores de 30" estaban ante el que había sido el profeta de su generación, el mismo que León Gieco evocaba en temas como "Hombres de hierro", pero que sin embargo hacía largos años había dejado el papel de profeta guardado en el ropero, como una vieja ropa colorida pasada ya de moda. Aquellos, en minoría numérica quizá, los de mi generación estabamos viendo otro Bob. El que hacía poco había publicado "Oh Mercy!", producido por Daniel Lanois. Un disco "oscuro" con un sonido perfectamente prístino y un Bob que había vuelto a componer canciones con imágenes de fe, redención pero también soledad y pérdidas. Puede el lector elegir, por ejemplo "Ring Them Bells" (desafortunadamente la traducción en la versión del LP argentino fue tan poco feliz como "tócales el timbre", sic) o la siempre ambigua "Shooting Star", cuya voz se balancea entre un tema gospel o una ruptura amorosa.
Algo que desde entonces me pregunté ha sido si en escena Dylan era acaso tímido. El resto de las ocasiones en las que él se presentó en Buenos Aires contribuyeron a que esa duda persistiera, incluso cuando una noche cristalina del mes de marzo se presentó bajo el cielo porteño del estadio de Velez Sarsfield. Pese a esa hermosa cúpula de estrellas sobre nuestras cabezas, su show de entonces se ajustaba mejor a una sala teatral. Pero con Dylan si la timidez es real o fingida, nunca será posible saberlo. Probablemente él ha estado engañándonos por décadas y a nosotros sus oyentes nos gusta que nos mienta. Después de todo, lo que queda es el sonido grabado.
Algunas pistas para escucharlo, aunque no sean necesariamente verdaderas
La crítica ha señalado que la película de James Mangold es un film "clásico" a la Hollywood. En el mejor de los sentidos, la película cuenta la historia en el estilo del cine narrativo norteaméricano clásico. El film está basado en un estudio del músico y escritor Elijah Wald titulado "Dylan Goes Electric", el subtítulo es "La noche que dividió a los '60", en referencia a la presentación en el festival de Newport de 1965.
Algo que no he leído demasiado en la crítica local fue la descripción de un rasgo peculiar de la película: Dylan no está allí. No está allí sino representado en virtud de una cierta similaridad del cuerpo y la voz del protagonista, Timothée Chamalet. Para el film, los actores grabaron la banda de sonido enteramente. No hay ninguna grabación de Dylan en el film, solo los covers. Lo mismo vale para Joan Baez, Pete Seeger y Johnny Cash. Mangold o su equipo habían tomado la misma decisión cuando años atrás rodaron "I Walk the Line", basada en la autobiografía de Cash.
Como toda biopic, el film tiene un eventual efecto divulgador. Probablemente para algunas generaciones el film opera como puerta de entrada al mundo Dylan, como propone en primera persona la crítica musical de The Guardian Laura Snapes en su artículo "No mires atrás: tras décadas de apatía, A Complete Unknown hizo de mí una enferma de Dylan" After decades of apathy , A Complete Unknown has turned me into a Dylan nut.
Uno podría pensar que para que nuevas generaciones, que no ignoraban la existencia de la música de Dylan pero a quienes por alguna razón la misma no conseguía tocarles alguna fibra sensible, podían precisar de la mediación de un jovencísimo Timmy Chalamet poniendole cuerpo y, lo más importante, la voz a un joven Dylan. Sería lógico pensar en una especia de "traducción" entre generaciones.
La banda de sonido es una serie de covers, y muy bien logrados. En ellos, los intérpretes (Chalamet, Bárbaro, Norton, Holbrook) no pretenden imitar al cantante que encarnan, hacen lo contrario a esas bandas de tipo "homenaje". Sus covers se distancian lo necesario de los originales sin alejarse demasiado de la costa y son además verosímiles.
Me permito creer que no es solamente la "traducción" generacional de estos actores cinematográficos lo que produce el efecto "de la apatía a la religión", como lo ha narrado en primera persona Snapes en The Guardian. La historia narrada del film (que no es la historia completamente fidedigna de los hechos) nos deja algunas pistas, las cuales permiten escuchar Dylan bajo otra luz: una que deja entrever los múltiples papeles que él mismo encarnó a lo largo de su carrera. La historia del film narra solo las dos primeras: de Zimmerman a Dylan y de profeta de una generación a músico de rock. Pero a lo largo de su historia como autor e intéprete Dylan ha tenido muchos heterónimos, aunque nunca nos develara cuáles eran sus nombres. Tal vez nos confió solo uno de ellos, el de Lucky Willbury cuando zapó con sus amigos -o hermanos- de The Travellin' Willburys.
La narración de aquellas dos primeras "transformaciones" nos deja una suerte de claves verosímiles para escuchar el resto de su obra bajo otra luz. Todas esas transformaciones no han sido solamente teatrales, no han alcanzado solo al Dylan en escena, sino que han tendido a construir, entre brumas si se quiere, al enunciador de diferentes períodos de su obra. El "yo" poético cambia de registro, como también el paso de los años cambia el cuerpo y el grano de la voz.
Las cosas que el poeta aprendió en los discos
Ya previamente a "Oh Mercy!" (1989) Dylan estaba preparando una nueva transformación. Desde entonces, sus composiciones van a conectar con múltiples vertientes de la música folclórica y tradicional norteamericana. A veces abiertamente, como en álbumes como "Good as I've Been to You" o "World Gone Wrong", aunque esa tendencia es propia de todos sus álbumes de los años '90 y 2000. Parece como si el poeta urgara en las melodías, las canciones y las historias que escuchó mucho antes de viajar a Nueva York. Como un prestidigitador, nos ha estado dejando entrever (o mejor dicho "entreoir") todo aquello que él aprendió de los discos (y de la radio). Todo eso está allí en sus discos más o menos posteriores a "Oh Mercy!".
Aquí un ejemplo: "Red River Shore" es una canción que Dylan compuso y grabó durante las sesiones del álbum "Time Out of Time", que al igual que "Oh Mercy!" contó con la producción de Daniel Lanois. Ese álbum fue, si se me permite, otra obra cumbre. Dylan siempre había desenterrado sus escuchas de juventud, una tradición dispar de músicas originadas o importadas en diversas regiones de norteamérica y usando esas fuentes para transfigurar antiguas canciones en algo nuevo y diferente.
Los rastros de (Girl) from Red River Shore, hay que buscarlos en dos antiguas canciones tradicionales. Por una parte, la versión homónima ("Red River Shore") que grabó el Kingston Trio a fines de los años '50. El trio era originario de California y tuvo sus grandes éxitos a fines de los años '50, bajo el viento a favor del revival de la música folk. El trio llegó a tener una popularidad notable, alcanzando los primeros puestos en ventas. Sin embargo, va a ser despreciado por la siguiente ola de revival folk-progre de inicios de los '60. Dylan debió escuchar las canciones del Kingston Trio en la radio.
La versión del Kingston Trio retoma una antigua canción que se remonta a los tiempos de la Guerra Civil y que había conseguido rescatar del olvido el etnomusicólogo Alan Lomax. La anécdota narrada en esa versión bien podría ser el núcleo de algún western clásico. El jóven protagonista se enamora perdidamente de la chica de la costa del río Rojo ("Red River Shore"). Ambos van a casarse. Sin embargo el padre de ella es advertido y junto a una escuadra de 23 hombres armados emboscan al joven enamorado. Solo, con su six-shooter en mano, el jóven hiere a cuatro y otros siete caen sin remedio. Pese a a sus esfuerzos los versos dan entrever el desenlace de la batalla desigual: "No puedo pelear contra un ejército / nunca podré casarme con la chica de la ribera del río rojo".
La conexión se puede además validar gracias a unos versos de esa antigua canción del Kingston Trio que Dylan se guardó para utilizar en "Not Dark Yet" (En Time Out of Mind):
She wrote me a letter, she wrote it so kind
and in that letter these words you will find:
Otro de los rastros hay que buscarlo en otra canción tradicional, en este caso de los Apalaches, llamada "The Girl from Greenbriar Shore". El título seguramente hace referencia a la ribera del río Greenbrier, un afluente del Mississippi que atraviera el estado de Virginia. La canción fue grabada por diversos artistas, entre ellos la familia Carter. El propio Dylan la tocó en vivo durante sus giras en la década del '90.
En esta canción el protagonista también se enamora de la chica de las orillas. Los jóvenes se casan a pesar de las súplicas de la madre del muchacho que le dice "nunca te cases con una chica de la orilla de Greenbriar":
"I left my mother with a broken heart
And I choose d that girl to be my wife
Her hair was dark and curly, too
And her loving eyes were blue
Her cheeks were like the red red rose
The girl I loved on the green briar shore
"Dejé a mi madre con el corazón destrozado
I elegí a esa chica para que fuera mi esposa
...
La chica que amo, en la orilla del Greenbrier
Finalmente esa chica fue la perdición del muchacho, después de algún tiempo lo dejó solo y lamentándose por haber desoído las palabras de su madre. Bien podría haber sido un tango, pero no.
En la canción de Dylan ("Red River Shore") las orillas del Greenbrier están cubiertas de niebla y la figura de la chica de las orillas tiene una presencia ambivalente, entre la memoria de un pasado desvaneciéndose, la vigilia y el sueño. A diferencia de las historias narradas por las canciones tradicionales, la voz cantante en la versión de Dylan no se casa con la chica de las orillas:
"Well I sat by her side and for a while I tried
To make that girl my wife
She gave me her best advice when she said
Go home and lead a quiet life
Well I been to the East and I been to the West
And I been out where the black winds roar
Somehow, though, I never did get that far
With the girl from the Red River shore
"Me senté a su lado y por un buen rato intenté
hacer que esa chica fuera mi esposa
Ella me dió su mejor consejo cuando dijo:
andáte a casa y llevá una vida tranquila.
Estuve en el Este y fui al Oeste,
Y estuve allí donde rugen los vientos negros
Pero de alguna forma nunca fui demasiado lejos
con la chica de las orillas del río Rojo.
Los años pasan y el protagonista de esta historia regresa para intentar encontrar a la chica de las orillas:
"Well I went back to see about her once
Went back to straighten it out
Everybody that I talked to had seen us there
Said they didn’t know who I was talkin’ about
"Volví para verla de nuevo otra vez
regresé para enderezar las cosas
Cada persona a la que hablé nos había visto allí
pero me decían que no sabían de quién yo les hablaba
La chica de las orillas transita entre la memoria de un pasado de sombras, entre lo realmente vivido y lo soñado ("true to life, true to me / Was the girl from the Red River shore". La manera de narrar es totalmente diferente al de las canciones tradicionales a las que la de Dylan reconoce. Al cantante del Kingston Trio uno podría creerle que mató a una decena de hombres. Sin embargo la voz que narra la "Red River Shore" de Dylan no es asertiva. El verso final concluye: "Algunas veces pienso que nadie alguna vez me ha visto aquí / Excepto la chica de la orilla del río Rojo".
"Red River Shore", por algún motivo no fue incluida en el álbum "Time Out of Mind" de 1997. Quizá su estilo tex-mex no pegaba de todo en la secuencia del resto de los temas o tal vez, porque de haberla incluido el prestidigitador nos habría revelado más claramente algunos de sus trucos.
Profeta de una generación, poeta beat electrificado, compadrito, Lucky Wilbury, Dylan nunca es Dylan mismo. Por esa razón es que ver "A Complete Unknown" de James Mangold ayuda a comprender (a escuchar) algunas variaciones sobre alguien a quien nunca conoceremos del todo. Pero que de tanto escucharlo se va convirtiendo en nuestro amigo.
Matías Gutierrez Reto
Letra de "Red River Shore" (Dylan) Continuar »